Para Nuria Blanco (Madrid, 1980) el flechazo con la cerámica ocurrió por sorpresa. "En 2009 hice una exposición y usé la cerámica por primera vez en un par de esculturas. Me enganchó. Desde entonces en todos mis proyectos hasta ahora ha sido la protagonista". Nuria concibe sus vajillas como un lienzo en blanco y, con intuición y sensibilidad, moldea y cuece cada pieza.

Luego las pinta, las llena de pájaros que saltan de plato a cuenco, de carpas que reposan la mitad del cuerpo en una bandeja y la otra mitad en una ensaladera, de estudios de anatomía, de bocas que se relamen. "Por primera vez en mi vida gano dinero con lo que hago. No todo el mundo se compra un cuadro o una escultura, pero sí un plato. No me importa si se considera arte o no; para mí es una forma de llegar con mis dibujos a más personas y el público parece que lo aprecia".

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