Es imposible no enamorarse de las vajillas de Nuria Blanco. Esta artista madrileña ha trabajado con diferentes materiales a lo largo de su carrera –grabado, pintura, fotografía…–, pero ha sido la cerámica la que se ha convertido en su soporte estrella. Comenzó a trabajar con esta materia prima hace seis años y hace dos creó su espectacular marca de vajillas.

Ella afirma que una de las cosas que más le atraen de trabajar con un material como la cerámica es el hecho de poder trasladar sus ideas y dibujos a objetos que se utilizan en el día a día. “Llegar a todo el mundo es mas fácil con un objeto utilitario que con una escultura o un cuadro” –explica Nuria. Además, la cerámica le permite dibujar en tres dimensiones, jugar con los dibujos y las formas y trabajar directamente con las manos.

Nuria dice que se inspira leyendo u ojeando revistas, libros e internet y registra todas las ideas que le van viniendo a la cabeza en un cuaderno o en una carpeta del ordenador. Dibuja directamente sobre el plato como si fuera un papel, así que el proceso técnico es lento y laborioso. “Lijar, esmaltar, siete horas de horno… y el factor sorpresa, que siempre esta presente”.

El mundo animal y vegetalla anatomía y los sueños son algunos de los motivos que más presentes están en las vajillas de Nuria. “Me gusta seducir con mis piezas, quiero hacer objetos bonitos con los que te guste convivir, sorprender y que te sientas especial al tenerlos. Hacer que tu comida y tu casa sean distintas. Por eso, utilizo motivos que nos llegan a todos y con los que todos nos sentimos identificados”.

El 26 de noviembre inaugura exposición en el espacio Beluga Concept de Madrid, una muestra a la que ha titulado “Hemisferios” y que habla de esa doble vertiente funcional y artística de su trabajo.

“En este proyecto ha habido una lucha expresiva. Por un lado, quería seguir realizando mis piezas habituales, en las que lo bonito sale a relucir de una manera mas racional y mas meditada, donde una mesa perfectamente puesta puede parecer un cuadro, una sala donde la naturaleza se entremezcla con las vajillas para crear un espacio onírico. Por otro lado, y en otra habitación, el cuerpo humano es el narrador de una ruptura, de un dolor que pretende amputarse. Un cuerpo que comienza a recomponerse después de que alguien lo haya devorado”.

En definitiva, una vajilla llena de metáforas creadas para que se cuelen tanto en la mesa como en la pared de otras casas y cuenten la historia que cada uno quiera.

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