El trabajo de la artista Nuria Blanco (Madrid, 1980) se ha desarrollado entre el dibujo, el grabado, pintura y fotografía pero la materia prima con la que se siente libre, la que le permite desarrollar las dos vertientes de su trabajo presentes en el espacio Beluga Concept en es la cerámica.
Estas dos vertientes son la funcional y la puramente artística, pero esta división tan engañosamente
nítida en en las dos instalaciones de la muestra merece una explicación, demanda ser desentrañada ya que representa el alma de todo el proceso creativo de Nuria Blanco.
En el primer espacio nos movemos en un mundo funcional pero lleno de deleite, en el que la inspiración para las vajillas es la Naturaleza. Se trata de un escenario onírico, versallesco, sensual, pero no deja de ser una mesa puesta según una tradición del menaje artesanal, personal y cuidado de la que Nuria es heredera y continuadora. Se despliega ante nosotros un aviario colorista y un tratado de botánica tropical para componer un espacio de estética explosiva. Animales, sobre todo marinos, resueltos con un dibujo vivaz, de trazo suelto y plantas son una constante en el trabajo de Nuria Blanco. Sus vajillas son objetos de uso diario pintados a mano y llenos de alma, con un componente lúdico también, en la medida en la que a veces se pueden distribuir como un puzzle sobre la mesa.
En la siguiente sala se abre ante nosotros la otra vertiente del trabajo de Blanco, la puramente artística. La cerámica aquí es la materia prima de una instalación, su función es irrelevante, la materia opera al servicio del concepto. La visión de esta instalación también tiene algo de tratado clásico, si en la mesa era de fauna y botánica, aquí es de anatomía. El cuerpo humano está desmembrado, las partes tratadas con una mezcla de asepsia científica y de intención estética. Lo mismo vale un ojo que unos labios que un hígado. El ser humano se presenta en toda su fragilidad, en toda su complejidad.
El trabajo de Nuria Blanco se mueve en estas dos vías que corren paralelas y se entrecruzan en muchos puntos como las funciones de los dos hemisferios del cerebro. Los dos forman un ser completo y complejo, funcionalidad y expresividad artística conviven y se alimentan mutuamente. El hemisferio derecho aporta el impulso creativo puro, la libertad, la sinrazón; el izquierdo, la lógica, la funcionalidad, la adaptación a un mundo de objetos cuyos usos están bien definidas. Pero igual que en uno hay método, en el otro hay arte. En los hemisferios del trabajo de Nuria Blanco, lo importante no son los extremos, sino todo lo que se mueve entre ellos.
NEREA PÉREZ DE LAS HERAS

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